Víctima de Víctima: El Retén.                                                                Capítulo II

 

El Bunker

 

    Denis se encontraba esposado en la parte trasera de una camioneta policial. Su destino final El Retén Policial “El Marite”, uno de los centros penitenciarios más peligrosos de Venezuela.

    En ese recinto carcelario, que llamaremos simplemente El Retén, se encontraban privados de libertad los reos que tienen un proceso penal en curso por delitos tan diversos como narcotráfico, robo, homicidio, corrupción de menores, violación, trata de blancas, estafa, por citar solo algunos. Lo peor y más dañino de la delincuencia común y organizada se encontraba encerrado en ese recinto penitenciario. Y Denis, en pocos minutos estaría confinado en esas paredes.

El Retén
El Retén

     La camioneta policial se detuvo alrededor de las 7:00 pm frente a la entrada de El Retén. Era de noche y reinaba en los alrededores una absoluta soledad. Allí, esperando pacientemente, parada inmutable envuelta en la sombría noche, sin saber a ciencia cierta cómo comportarse ante la situación que se estaba presentando, estaba una faz amiga. Su nombre Esperanza Buenaventura.

     Denis no tenía miedo en lo absoluto, todo había ocurrido muy rápido y toda su mente y su atención estaba centrada en una interrogante que aún no tenía respuesta – ¿Qué estaba sucediendo?.

    Los uniformados proceden a bajarlo de la camioneta, con decencia y mansedumbre, quizás a sabiendas de que Denis es abogado, y permiten un intercambio de palabras entre el reo y la chica exuberante vestida de ejecutiva que lo estaba esperando a las afueras de El Retén. Esperanza, con una leve sonrisa que trata inútilmente de exteriorizar aplomo y coraje, lo abraza cariñosamente guardando silencio por unos segundos.

El Desconciento

–  Dios … Denis ¿Cómo es posible que te esté ocurriendo esto a ti? ¿Cómo estás?, ¿Cómo te sientes? – Le pregunto Esperanza algo desconcertada.

– No sé qué decirte, ni siquiera sé lo que está pasando. No sé. – Le respondió Denis sereno, casi arrastrando las palabras, pero con la mirada triste y un rostro que reflejaba cansancio por falta de sueño.

– Todo esto es una locura. Todo el mundo anda asombrado. No lo pueden creer.

– Definitivamente es una locura. Pero hay que estar tranquilos. Tengo que estar muy relajado para que esto no me afecte. Más tarde o más temprano sabremos lo que está pasando.

– Ya tenemos todo cuadrado, te van a proteger en El Retén, no te preocupes.

– Gracias flaca.

La Ley de de Polaridad

La vida continuamente nos habla, nos instruye, nos enseña. Solo hay que estar muy serenos para percibir sus enseñanzas.

     Denis percibió en el gesto de Esperanza de esperarlo en El Retén, a pesar de la hora y la inseguridad de la ciudad, una evidencia cierta del bien, de la bondad, del amor presente en el corazón de muchos hombre; el cual contrastaba con las circunstancias por las que estaba atravesando y que denotaban: Intriga, traición y codicia. En un instante recordó las instrucciones impartidas en el salón de clase de la Escuela Metafísica relacionadas con El Principio de Polaridad.

 ¨Todo tiene su par de opuesto¨

Los Extremos se tocan

    Según La Ley de de Polaridad enseñada en el antiguo Egipto por Hermes Trismegisto – el tres veces grandes –  ¨Todo tiene dos polos¨, ¨Todo es Dual¨. ¨Todo tiene su par de opuesto¨. Este principio se manifiesta y opera en todos los niveles o planos de existencia: Físico, mental y espiritual.

    El dominio de esta Ley por parte de los estudiosos de las Leyes que gobiernan el cosmos, los faculta a transmutar (entendida la trasmutación como cambiar, modificar) situaciones, estados o elementos según su deseo y/o necesidad. Esto se logra subiendo o bajando la rata vibratoria hasta lograr que extremos que parecían irreconciliables vibren en un mismo nivel de frecuencia. De allí el aforismo: ¨Los Extremos se tocan¨.

La Trasmutación

     La trasmutación opera con naturalezas similares pero de grados vibratorios distintos. De esta forma, el dinero nunca podrá convertirse en amor, así como la miseria no podrá convertirse en salud. Pero trabajando en un mismo elemento según su naturaleza, se pueden operar cambios profundos, y radicales. La miseria se puede transmutar en abundancia económica; y se puede elevar la enfermedad a un grado vibracional donde solo se manifieste la salud plena y perfecta. Lo malo se trasmuta en bueno y el miedo en amor.

     Así nos encontramos con extremos aparentemente ¨diferentes¨ pero solo en grados vibracionales: Blanco – negro, feo – bonito, alto – bajo, mundano – espiritual, bueno – malo, valiente – cobarde.

    Pues bien, como existe el egoísmo y la codicia, en el extremo opuesto nos encontramos con el altruismo, la entrega y el desapego.

     Frente a la inmoralidad y la falta de valores – se yerguen, por muy cursi y anticuado que suene: La ética, la moral y las buenas costumbre.

    Frente a la maldad el bien. Frente a lo malo, lo bueno. Así como en las relaciones familiares y sociales nos encontramos con gente que vibra en una naturaleza de intriga, de codicia, de maldad, obligarlo es decirlo, de vez en cuando también tropezamos con personas que tienen la nobleza en sus genes. Personas que haciéndole honor a la palabra, simplemente podemos definir como gente buena. Y aquí, en este punto, al hablar de gente buena, tenemos que referirnos a Esperanza Buenaventura.

Quien era Esperanza Buenaventura

     En los momentos difíciles, es cuando el ser humano descubre ¿de qué? y ¿Cómo? están forjadas las amistades y las relaciones. Lamentablemente la mayoría no trasciende de los brindis, vodkas, juegos, festejos y/o las superficialidades de múltiples intereses y conveniencias.

    Pero hay que reconocerlo, en situaciones de necesidades y tragedias extremas toda persona quisiera tener a su lado a un ser de la estatura de Esperanza Buenaventura. Incondicional con sus amigos en dificultades. Donde, frente a la adversidad, conocidos, amigos, guías, consejeros y aparentes maestros sucumben por superficialidad, comodidad o falta de carácter, nos encontramos, del otro lado de la moneda y bajo esas mismas circunstancias, con un carácter de la talla de Esperanza Buenaventura, siempre presente, dando de si lo mejor, entregándose en cuerpo, alma y corazón con el único propósito de ayudar desinteresadamente, brindando apoyo, creyendo y defendiendo, en las buenas y en las malas a sus amigos.

    Mujer noble, confiable, trabajadora y responsable. Desde los 17 años trabajaba para sostenerse ella misma y proveer a su vez a su único hijo varón. Su patrimonio conformado por una casa, dos carros y otros bienes de menor cuantía, los obtuvo a punta de trabajo honesto, duro y dedicado. Las mentes y los temperamentos débiles y perezosos, como los describiría José Ingenieros en su famosa obra El hombre Mediocre, esperando que alguien les regale y suministre el sustento diario para vivir, no pueden entender este tipo de carácter e imaginan y tejen todo tipo de críticas y conjeturas al encontrarse con una mujer con los atributos de Esperanza: Bella, prospera e inteligente.

El bien manifestándose a través de Ángeles encubiertos. 

     Para una mejor comprensión del personaje de Esperanza Buenaventura, basta relatar que a escasas cuadras de la Torre de Oficinas donde Esperanza Buenaventura trabajaba como Ejecutiva de Negocios, una anciana decrépita, golpeada por el transcurrir del tiempo y las limitaciones financieras, se apostaba todas las tardes en una esquina de un semáforo a solicitar ayuda económica para sufragar los requerimientos mínimos de manutención y evitar así una muerte segura por inanición. Al finalizar la tarde, la vieja ya cansada por la faena de estar largo tiempo parada bajo el inclemente sol, sin fuerzas, sucia por la falta de higiene, intentaba tomar transporte público que la llevara de regreso a su humilde “rancho”. Sin embargo, los chóferes del transporte colectivo esquivaban a la anciana para no tener que montarla sucia y mal aseada en sus unidades.

     Al escuchar este incidente, Esperanza Buenaventura empezó a cuadrar su hora de salida para tratar de darle un empujoncito a la abuela y acercarla lo más posible al rancho que le servía de morada. Este era el espíritu de Esperanza Buenaventura. No exento de zonas erróneas, como lo definiría Wayne Dyer, pero si lleno de mucha bondad, altruismo y buena voluntad.

La Entrada

       Los Agentes interrumpen la conversación y manifiestan que ya deben proseguir. Los amigos se despiden apresuradamente mientras los funcionarios conducen a Denis a una especie de recepción de prisioneros. Al llegar a la recepción le entregan, como es costumbre, la boleta de privación de libertad al guardia que hacía las veces de portero, le quitan las esposas al procesado y esperan relajadamente para proceder al cambio de responsabilidad del reo. En ese momento aparece un hombre de facciones toscas, un poco rudo al hablar, enérgico y decidido, quien dirigiéndose a Denis le tendió cortésmente la mano.

Pastor

– Dr. Molero, yo soy Pastor, ¿Ya le hablaron de mí?

– Sí, creo que ya me comentaron algo.

– Muy bien, no se preocupe, está bajo mi cuidado.

        Mientras hablan se estrechan las manos mirándose fijamente a los ojos y estudiando mutuamente tanto las facciones, como el comportamiento de su interlocutor, tratando de escudriñar más allá de las apariencias.

      Por motivos que luego analizaremos con mayor detenimiento, a Denis y a todo su equipo de abogados les tomó por sorpresa este encarcelamiento y no tuvieron tiempo de reaccionar; Sin embargo, la ayuda Divina aparece en lugares, momentos y personas inesperados.

       Este recibimiento amistoso era obra de Esperanza Buenaventura, la asistente personal de Denis por más de 20 años, y de la señora Sofía Lombardo, quien llevaba trabajando con Denis aproximadamente 8 años, realizando las labores de mantenimiento tanto en su oficina como en su apartamento. Con el nacimiento de su única hija fungía igualmente como una especie de “nana” para la niña.

El procesado protegido en El Retén

      Pues bien, Sofía tenía un compadre llamado Ramón trabajando en El Retén, a dicho compadre Sofía le había pedido el favor que cuidara de Denis, diciéndole que era su jefe y que ella daba fe y metía las manos por él. Ramón a su vez había hablado y delegado este encargo en su amigo Pastor, un funcionario de prisiones respetado en el recinto, y fue ese funcionario quien recibió a Denis diciéndole: Dr. Molero, yo soy Pastor, ¿Ya le hablaron de mí?

La Boleta de Encarcelación

        En la Garita de entrada de El Retén, mientras se recibía al prisionero, Pastor tuvo un intercambio de palabras bastante fuerte con los guardias de la recepción ya que ellos querían ver la boleta de encarcelación de Denis, pero Pastor, después de leerla, en forma autoritaria tomo posesión de ella y no dejaba que nadie la viese. Los guardias se alteraron y le exigían que le mostrara la Boleta para darle entrada al procesado.

– Pero que te pasa, – vocifera el guardia -, entrégame la boleta.

– No te la voy a dar. – responde fríamente y calmadamente Pastor. –

– A mí no me interesa si este procesado es sobrino tuyo, primo o lo que sea, me tienes que entregar la Boleta – le grita el guardia.

– Te estoy diciendo que NO. No te la voy a entregar. Esta entrada es mía. Y Punto. Se acabó. – Dijo muy quietamente pero en forma muy decidida Pastor.

Pastor se les enfrento enérgicamente, como una fiera, y en todo momento dijo que no, e ignorándolos por completo tomo a Denis del brazo, se dio media vuelta y dijo simplemente – sígame Doctor. –

“El Bunker”

        Denis no comprendía el motivo de esa discusión tan acorralada por culpa de una simple boleta de admisión. Y para ser honestos, con los acontecimientos que se estaban desarrollando, tampoco le importaba mucho esa boleta. Días después conocería de boca del mismo Pastor el misterio detrás de la boleta de encarcelación.

       En forma por demás poco usual y muy extraña la boleta ordenaba que lo recluyeran en el sitio más peligroso de El Retén, donde se encontraban recluidos violadores, degenerados, depravados y delincuente de la peor calaña, ese lugar era conocido como “El Bunker”.

– Doctor, yo no sé lo que usted habrá hecho – le dice Pastor a Denis -, pero tiene que tener mucho cuidado. Quiero decirle que todo indica que no quieren que usted salga vivo de aquí.

Víctima de Víctima: Capítulo Primero 

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